sábado, 1 de abril de 2017

Capitulo 1 - El comienzo del fuego.

Era una noche tranquila, con el cielo despejado y cubierto de brillantes estrellas que junto a su luna llena daba luz sobre las copas de los árboles, hacia resplandecer las tranquilas y llanas aguas con un fulgor casi sobrenatural, y contorneaba las lejanas montañas con una belleza sin igual.

Una suave brisa arrastraba una delicada e indescriptiblemente bella melodía, acariciando a su paso las briznas de hierba y meciendo con suavidad las copas de los árboles.

La melodía llegaba de un gran nido colocado estratégicamente sobre una pared rocosa, para no ser visto ni desde arriba, ni desde abajo.

Al igual que el nido no era como cualquier otro, ya que estaba construido con preciosas y relucientes plumas con los tonos de un hermoso atardecer, las aves que lo habitaban tampoco lo eran, ya que allí vivía una pareja de aves fénix, unas hermosas criaturas con un elegante e imponente porte.

Estaban consagradas al fuego, a lo eterno…

Eran grandes aves de tonos carmesís y dorados, con brillantes e inteligentes ojos y afiladas garras que poseían una fuerza sobrehumana.

Se decía que sus lágrimas eran curativas, aunque nadie lo sabe a ciencia cierta, pero lo que todos sabían era que por sus venas corría el fuego, un fuego que ellos mismos creaban, porque ellos mismos eran ese fuego, y por eso se convertían en él a voluntad.

La melodía la entonaba la pareja de ave fénix que acababa de emprender el vuelo girando uno en torno al otro en una hermosa danza mientras ambos se cubrían con su fuego.

Todo quedo en silencio cuando ambas aves se unieron y empezaron a caer en picado, en un silencio tan profundo como la misma oscuridad que había antes de que ambos estallaran en llamas.

Cuando estaban a punto de colisionar contra su nido, en el que se escondía un reluciente y brillante huevo dorado, estallaron.

Se creó una gran bola de fuego tan roja como la sangre, bañando los lindes del bosque con su potente luz.

De donde se supone que antes estaba la pareja de fénix empezó a caer una fina ceniza, cubriendo el huevo hasta hacerlo desaparecer por completo.

Todo quedo en silencio, un silencio que ni el mismo vacío podría llenar, entonces una dulce melodía hecha susurro empezó a ser cantada por un polluelo cubierto por un espeso plumón gris que acababa de salir del brillante huevo, a su lado salieron de entre las cenizas dos polluelos idénticos a él que entonaron la misma melodía, cantando así los tres al unísono.

Esa noche un nuevo fénix había llegado al mundo, y dos acababan de resurgir de entre sus cenizas, ese fénix que acababa de salir de su dorado huevo era yo, que nací por primera vez cuando estaba por terminar la era de fuego.

En ese entonces era inocente, era inconsciente, y por ello no podía evitar ser verdaderamente feliz en mi ignorancia.


Ahora, llena de temores, tras muchos renaceres y mucho tiempo vivido y por vivir, echo de menos esa época en los que, al no haber vivido nada, al no conocer nada, era feliz y libre, libre de problemas y preocupaciones, libre de deberes y promesas, libre del mundo…libre de mí…

4 comentarios:

  1. "... no podía evitar ser verdaderamente feliz en mi ignorancia".

    Triste y bello este primer capítulo.

    Gracias por compartilo.

    Un beso grande

    Nati
    http://khaleesigeek.blogspot.com.ar/

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    1. ¡Hola! ¡Muchas gracias por el comentario y no me agradezcas el compartirlo, es todo un placer!
      ¡Gracias a ti por tomarte tu tiempo en leer mi relato :) !

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  2. Respuestas
    1. ¡Gracias! A ver cuando subo el próximo!

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