miércoles, 21 de marzo de 2018

[La hija perdida de Sirius Black] Capítulo 7 - El espejo de Oesed.


Los días pasaban sin novedad, lentos, aburridos, solitarios y tristes sin los gemelos que habían sido todo para mí día a día.
¿Por qué había pasado esto? No lo sé, pero de lo que estaba segura es que me sentía vacía sin ellos.
Como se nota que no están a mí alrededor con lo pesados que son, pensé apenada mientras se me formaba un angustioso nudo en la garganta.
Choque contra los gemelos y sin mirarles continúe mi camino, con la cabeza bien alta aunque con mi cabello azul.
Esa noche como muchas otras desde que me separe de ellos no podía dormir.
Pero a diferencia de otras noches esta no me quede tumbada en la cama con los ojos cerrados para intentar dormir.
Me puse las zapatillas y salí de mi habitación con el mapa del merodeador.
Empecé a deambular por los pasillos hasta que me tope un aula.
Algo en mi me decía que no entrara, que solo empeoraría las cosas.
Pero mi lado bromista y curioso gano, como siempre, y entre.
En él muchos muebles estaban tapados por sábanas blancas.
Uno de los muebles que estaba en el centro me llamo la atención y decidí destaparlo.
Tire de la sabana y este cayo a mis pies levantando una leve capa de polvo.
Era un bello espejo en el que ponía “Espejo de Oesed: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse”

-No tiene sentido lo que pone…Espera… ¡Espejo del deseo! Ya decía que me sonaba… Espejo del deseo: Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo. -dije emocionada tocando el cristal sin creerlo.
Mire mi reflejo y poco después los gemelos aparecieron cada uno a mi lado.
Toque sus caras en el espejo con tristeza mientras ellos me sonreían.
-Sois vosotros los que me habéis dejado de lado…y lo peor es que no sé porque, ¡sois unos idiotas! -dije enojada para quedarme en silencio por un momento.
-Si es el espejo del deseo podría ver cómo eran mis padres…Tía Andrómeda nunca me ha enseñado una foto de ellos…
Los gemelos desaparecieron dando lugar a una mujer rubia de ojos verdes morena de piel y alta pero bella y un hombre más alto de pelo largo, negro y rizado con bigote y perilla y ojos grises, era atractivo para ser mayor.
Ahora entendía porque Tía Andrómeda decía que me parecía a él.
Su mismo pelo, sus mismos ojos, su misma sonrisa…
Sonreí al reflejo y me senté frente a él.
-No sé nada sobre vosotros, tampoco os recuerdo, no sé lo que me he perdido pero Tía Andrómeda y la prima Dora me han dado lo que he necesitado, sabéis que os quiero, aunque sigo sin conoceros y dudo que lo haga. También me alegro de saber porque La tía decía que me parecía a mi padre-dije para luego reír-ahora todo tiene sentido….
Me levante dispuesta a irme pero una voz me paro.
-Señorita Black ¿no debería estar en su dormitorio a estas horas?-dijo Dumbledore.
-Sí señor, lo lamento, desde hace un tiempo no duermo bien y decidí darme un paseo para que me entrase sueño.-dije apenada.
-¿Sabe que es?-dijo refiriéndose al espejo.
-Sí, es el espejo del deseo señor-dije.
-Así es, la mayoría de gente se consume delante de él viendo lo que su corazón más anhela ¿Qué es lo que ves?-dijo.
-Al principio vi a los gemelos a mi lado, riendo como siempre, luego mi curiosidad me pudo y conseguí ver quiénes eran mis padres físicamente-dije sonrojada de la vergüenza-profesor yo ya me iba, solo tenía curiosidad.
-Lo sé, es difícil elegir entre quedarse y ver lo que quieres o irte y olvidarlo, porque hay cosas que se pueden conseguir y otras que no, debes escucharme, no puedes volver a buscar el espejo, lo cambiare de sitio y no quiero ni que lo busques ni que le digas a nadie de él ¿entendido?-dijo
-Entendido profesor-dije sonriéndole.
-Bien pues ahora debería irse a la cama Señorita Black, hasta mañana-dijo Dumbledore desapareciendo.
Después de eso tapé el espejo y salí de allí, tranquilamente volví a mi dormitorio donde caí durmiendo en mi cama.

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